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Cuidado: Predadores en la arena

A veces, un completo desconocido puede hacer una propuesta atractiva y perturbadora, incitando a los bajos impulsos a ceder a la irracionalidad de la venganza. Una relación improbable, dada la caprichosa decisión de un turista que no quiere levantarse de una tumbona, será el Macguffin hitchcockiano que se plantea en el largometraje Playa de Lobos (2025), escrito y dirigido por el cineasta pontevedrés Javier Veiga.

"Todo el mundo sabe matar. Es como hacer el amor por primera vez", dice Klaus (Guillermo Francella), invitando a Manu (Dani Rovira) a subirse a una silla de socorrista y, desde lo alto de una playa de noche, el mirador se convierte en un trono de verdades sorprendentes y macabras.  



Encargada de abrir la 30 edición del Festival de Cine de Ourense, esta comedia negra, por momentos emparentada con el suspense, utiliza el humor como tanque de oxígeno para bucear en profundidades donde se encuentran pecios de dudosa naturaleza.

Con paralelismos en su andamiaje dramático con el cine de Berlanga o Emir Kustirica, Playa de Lobos demuestra que el humor en el cine, más allá de inevitables subestimaciones, no es un género menor, sobre todo cuando está permeado de inteligencia narrativa, será siempre el medio más elegante y atractivo para iluminar, como un farol dramático, rincones de la conciencia donde poca o ninguna luz llega. 

Con ocasionales momentos oníricos, las diferentes subtramas de Playa de Lobos funcionan como un cubo de Rubik que el espectador puede organizar a medida que Klaus le revela a Manu lo posible que es ejecutar un pensamiento, por loco u oscuro que sea.

Mención indiscutible para la música de la película, de Alfredo Tapscott, que lejos de presentarse como un elemento de utilería, es mimetizada con sutil elegancia en medio de conversaciones o momentos de una película que no menosprecia los códigos visuales y verbalizados por los personajes, elevando así el valor del simbolismo en imágenes y hechos ocurridos en el pasado de su trama. 

Película de ingenioso despliegue, requiere para su desenlace de un recurso que en literatura me gusta llamar el "efecto Fauchevelent" porque se utiliza en el momento más inesperado; similar en "Los Miserables" a Jean Valjean trepando un muro con Cosette a sus espaldas para escapar del inspector Javert; para aparecer como una circunstancia salvadora, y por lo demás armoniosa, que supone rescatar a su protagonista de un peligro mortal.

Cuando el desencanto, la frustración o la punzante sensación de sentirse traicionado son motores fuera de borda de emociones o decisiones cuestionables, la presa más inofensiva; similar a la canción de Habana Abierta; puede convertirse en un depredador inesperado, aunque sea la maleable tranquilidad de la arena de la playa, su hábitat.  



Pensar es un acto sin diplomacia y escribir supone romper pactos con la mesura. Leer, es una biografía de la pausa. Bienvenidos

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