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Los ojos de mi padre

                                                          Sailing down behind the Sun

Waiting for my prince to come

Praying for the healing rain

                                                            To restore my soul again

Canta Eric Clapton en una de sus composiciones más hermosas y personales sobre una pérdida doble: la de su padre, a quien nunca conoció y la de su hijo Connor, fallecido luego de caer por un rascacielos en Nueva York. La dimensión de la tragedia de Clapton, y el modo de superarlas, o al menos reconciliarse con un dolor inabarcable, tuvo en la música y en su inefable guitarra la respuesta. Para quienes admirados profundamente a Eric Clapton (Dios para más señales) disponer de semejante refugio melódico, como la propia lluvia sanadora de sus versos iniciales, es posible encontrar un alivio. 

Recientemente, concluí la lectura feroz de la novela y éxito de ventas en España: Morir en la arena (MELA); cuyo autor sobradamente admiro por ser oficiante de muchos descubrimientos personales y literarios. Mientras avanzaba en una historia sobre un Gran Desengaño, era inevitable, como en la canción de Clapton, no pensar en los ojos de mi padre, en esa mirada donde muchas veces encontré respuestas, divertimentos, incentivos y he tenido, convertido en hechos, una de las más grandes muestras de incondicionalidad a lo largo de los años.


Sin embargo, fatal y privilegiadamente, la generación a donde pertenecen los personajes de MELA son contemporáneos con mi padre. En ellos reviví las anécdotas de unos años donde la entrega por un bien mayor era el bolillo que chocaba indiscriminadamente en el bombo de la juventud cubana, entusiasta, pero a su vez, aprisionada por un miedo invisible y hasta ese momento intraducible, pues su idioma todavía no estaba compuesta la gramática de semejantes palabras.

Mientras Rodolfo, comienza a mal adaptarse a la nueva circunstancia de una jubilación que lo deja ocioso y maldice por la cantidad simbólica de una pensión solo útil para gastarla inmediatamente, pensé en todos esos adultos dueños de mis afectos que no pueden ver más allá del parabrisas de su realidad ante la neblina de las carencias. ¿Cómo manejar entonces un desencanto que generacionalmente no me corresponde, pero que sin embargo, me es tan personal y arraigado que casi puedo afirmar haberlo vivido, precisamente a través de los ojos de mi padre? Padura con su novela, basada en una historia real, no ofrece respuestas ante lo evidente, no se trata de un nihilismo poético o una circunstancia dramática ofrecida para conmover, esta historia, de Rodolfo, Nora, sus hijas viviendo fuera de Cuba y el mayúsculo desencanto de cientos de miles de isleños, son el proscenio de una obra social más oscura, manejada con milimétrica pericia por los artífices de ´´la cosa´´ como eufemísticamente se refieren los personajes, al opresivo contexto donde sobreviven gracias a los puntuales auxilios que reciben por quienes habitan el mal llamado: capitalismo atroz.

Desde la ficción y los recuerdos heredados, he revisitado los execrables actos de repudio, las revolucionarias vigilancias barriales, las carencias infinitas y sobre todo, con el pasado que se esfumó como un cigarro consumido por un fumador contumaz, mediante MELA viví esos días de gloria que se fueron volando sin darse cuenta, como cantara el gran Pablo Milanés.

La participación negociada del régimen cubano en el conflicto angoleño que cegara inútilmente miles de vidas cubanas, la caída del campo socialista y el despeñamiento de un sueño colectivo, o más bien de una obligada siesta generacional, han transcurrido estos días con MELA con un pesaroso entusiasmo lector, aunque sea esto último un evidente oxímoron, pues repercutió en mi sensibilidad por saberme lejos de esa mirada paterna que muchas veces, con la resignación propia de su carácter, ha reconocido tácitamente que la entrega estudiantil, laboral, personal, sentimental y política por un proyecto encargado de hacer justicia y traer felicidad, tuvo de asfalto en esa nunca terminada carretera idealista, la utilidad de sus mejores años.


Hoy recuerdo a Eric Clapton y tarareo My Father’s Eyes negándome a que morir en la arena, sea para esos como mi padre, la última condición luego de tantos braceos que inevitablemente hagan cansarlo. Como la oportuna aparición de la lluvia en esta historia llena de tanta veracidad, espero la precipitación sanadora, para recordar a quienes ya no están y; en una realidad donde una fuerza infame no juegue con las voluntades; poder reencontrarme con los ojos de mi padre.  

Pensar es un acto sin diplomacia y escribir supone romper pactos con la mesura. Leer, es una biografía de la pausa. Bienvenidos

Comentarios

  1. Triste Verdad : "Mientras Rodolfo, comienza a mal adaptarse a la nueva circunstancia de una jubilación que lo deja ocioso y maldice por la cantidad simbólica de una pensión SOLO UTIL PARA GASTARLA INMEDIATAMENTE"

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    1. Aunque la distancia en época, lugar de procedencia y también en la manera de abordar la literatura son diametralmente distintos, Padura arrastra cierta melancolía en sus textos que me recuerdan a Blanco Amor.

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