Hace un mes y un día que no escribo en este blog; sin
embargo, no he dejado de pensar en escribir, en la literatura y en cuánto le
debo a ese sueño —que a veces desespera— por respirar el oxígeno de la ficción
de manera continua. Tiempo he tenido, ideas también; solo faltaba cometer el
acto de teclear.
En ese mes y un día, lo que se dice escribir, no he dejado
de hacerlo, pues trabajo en un periódico y alinear verbos es el agua que mueve
la rueda del molino donde oficio como buscador de historias: las reales, cuyos
portadores se mueven por calles en estos días de temporal y, sin pretenderlo,
su mundo acumulado puede inspirar o conmover a quien se identifique con ellos.
No he dejado de escribir, aunque lleve un mes y un día sin
hacerlo en este blog. Hace una semana compartía con amigos y comentábamos
acerca de la necesidad de mantenerse creando, más allá de la inspiración. Tanto
la disciplina como la necesidad imperiosa han resultado en la literatura con
obras monumentales, ¿por qué acaso no combinar ambas? Escribir, para mis amigos
y para mí, nos otorga el sentido de la vida por la cual hemos hecho, y hacemos,
vuelos kamikazes hacia la pretensión, como en el poema de José Martí: «Verso, o
nos condenan juntos, o nos salvamos los dos». Se trata de un disfrute incierto,
de vivir una biografía de la pausa mientras se arrima el tiempo donde sabernos
leídos, ojalá que pronto, sea tan real como ese sueño que a veces desespera.
Llevo un mes y un día sin escribir en el blog y la paciencia oceánica viene siendo, desde hace mucho, un analgésico roquedaltoniano: «una aspirina del tamaño del Sol» por saberme todavía con mucho por hacer, más allá de lo literario. Haber llegado con 28 años a otro país te pone en perspectiva de cuánto careces (en el mejor sentido) y hasta dónde podrías llegar. Compararse resultaría inútil, incluso dañino, respecto a quienes llevan una vida y nacionalidad de ventaja. El afán es una espada de Damocles.
Estoy aprovechando una pausa mañanera este miércoles de
febrero, cuando llevo justo un mes y un día sin escribir en el blog. Las
discretas cifras de lecturas acumuladas desde que abrí este espacio también
resultan llamativas. ¿Por qué los números nos hacen sentir plenos, superiores a
la realidad inmediata? Las cifras son un narcótico del ego. Que alguien, casi
siempre conocido, comparta su tiempo útil para leerme es como observar un bote
salvavidas en ese océano de paciencia en el cual espero, sobre todo cuando ha
pasado un mes y un día sin escribir en este blog.

Excelente. Un fuerte abrazo.
ResponderBorrarConfío en que el próximo texto no se hará esperar tanto.
🙃
BorrarMe parece interesante me pasa algo parecido, hoy hace 22 días que no grabo video en YouTube, eso me hace sentir mal cuando lo pienso pero la dinámica de la vida a veces te pone en modo supervivencia. Gracias por tu escrito me animó, no soy la única que le pasa jjjj
ResponderBorrar😁
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