Tenía ocho años. En Cuba solo existían dos canales de televisión. Un tercero, llamado ´´educativo´´ comenzaba sus transmisiones para agregarse a la limitada oferta televisa de la isla. Sin embargo, a ese propio canal debo uno de los descubrimientos musicales más impactantes de mi vida, que muchos años después frente al pelotón de fusilamiento de mis recuerdos, como el coronel Aureliano Buendía, habría de recordar aquella tarde lejana cuando: al partir un beso y una flor, salió en blanco y negro del televisor recién encendido. Mi padrastro, que siempre he llamado papá, venía subiendo por la escalera y apenas entró a la casa, me preguntó:
- ¿Ese es Nino Bravo?
Mi respuesta, mirarlo con rostro
de no tener contestación y regresar la vista al televisor, donde anunciaban que
un programa cuyo nombre no logro recordar, transmitiría canciones de Nino Bravo.
Habían pasado cerca de 30 años de la muerte del artista español y esa era la
primera vez que mi papá corporizaba una voz escuchada por décadas, cuyas
canciones han logrado la imbatibilidad de volverse transgeneracionales. Mi papá
con cuarenta y tantos años, redescubría a Nino Bravo y yo, solo escuchaba el
fragmento pegadizo de Un beso y una flor.
Debo a mi papá gran parte, sino todo, de mi gusto musical. La música española de su juventud también recaló en mis oídos de niño para, como a muchos mis contemporáneos, volverse habitual en cualquier día de fiestas o añoranzas.
Más allá de influencias, crecer y
tener ideas propias apareja desencuentros generacionales. El país de mis padres
hacía bastante tiempo, era un garrote vil apretando con fuerza anhelos, sueños,
libertades o la simple aspiración de llevar una vida entendida universalmente
como normal. A veces la normalidad, es el más extraordinario de los logros.
Entonces, no hubo conversación,
música, trabajo, ideas, consuelos o cualquier circunstancia atenuadora de la
frustración experimentada. Cuba no era una isla para mí, era un naufragio lento
e irremediable. Ni cuarenta océanos de paciencia, podían ejercer como daltoniano
analgésico de esa aspirina del tamaño del sol, capaz de ensordecer los
pensamientos de fuga. Decenas de amigos, habían tomado la volcánica ruta de
Nicaragua para llegar a Estados Unidos. Otros con mejor suerte, pudieron
elevarse con destino a Europa, mientras yo continuaba enclaustrado en el paréntesis
de las incordias mentales.
Debía irme, sí o sí. La gran
pregunta era el cómo. Hacia dónde, más que definido: España. Madre Patria. Lugar
de tantos y tantas admirados. Un idioma común, al menos uno de ellos. Una
añoranza por conocer cuanto de mí mismo habitaba Atlántico de por medio.
En un grupo de WhatsApp que tengo
con unos amigos, actualmente también dispersos por el mundo, del cual soy el más
joven, confesé que el día cuando pusiera cuerpo fuera del archipiélago, el tema
musical acompañante sería: Libre. Anhelaba cumplir los versos de aquella
canción interpretada en pleno franquismo.
Entonces, sucedió. Pude abordar
el avión. Volar de noche, dejando atrás la oscuridad real que rodeaba la ciudad
y horas más tarde, observar previo al inminente aterrizaje, la Sierra de
Guadarrama, los colores negados por el gris exprofeso y desproporcionado de mi proveniencia
insular. El estribillo de Libre entraba en bucle.
La noche de mi ida, llevaba una
camisa obsequiada por uno de mis 8 tíos paternos, quien viajaba desde Estados
Unido hacia Cuba como auxiliador puntual de muchas, infinitas, necesidades.
Reservé aquella camisa para el viaje que sabría efectuado alguna vez, sin tener
noción exacta de cuándo.
En Madrid, hice una primera
fotografía. La delgadez era evidente. El apetito de mundo nuevo y hambre de
ingerir la abundancia negada, habitaban mi cuerpo como descripción precisa a
esa condicionante de bienvenido forastero. Desde mi llegada, no ha pasado un solo
día en que pueda haberme sentido extraño. Más bien todo lo contario. Galicia,
en especial Ourense, lo han confirmado.
Hoy, a dos años transcurridos de ese 25 de septiembre de 2023, visto la misma camisa. El relleno corporal de la tela refleja la saciedad de ciertos apetitos. Aunque todavía persiste la gula exploradora. El mundo no espera por mí, pero existen lugares que me aguardan.
Con la misma camisa de hace dos
años, invoco la libertad como Nino Bravo.
Felicidades Sender en tu segundo Aniversario! Bueno es apreciar que la camisa de la Libertad AUN te queda" Un abrazo!
ResponderBorrarSiempre, gracias. Frank
BorrarMe lo he leído de una, me gustó muchísimo. Muchas felicidades por tu segundo aniversario en la madre patria. Sigue escribiendo….
ResponderBorrar😎😘🥰
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