Existen descubrimientos proverbiales, que podrían ser tomados, incluso, como rescates. Hace unos meses en medio de la omnipresente lluvia gallega, encontré un bolso lleno de libros al lado de unos contenedores de basura.
En Cuba dejé cientos de libros acumulados y comprados durante
años. Algunos venían conmigo desde mis profusos y etílicos años universitarios en
la ciudad donde nací. Otros, los fui adquiriendo mes a mes, gracias a un grupo
de WhatsApp dedicado a la venta de tesoros tan viejos como invaluables.
Intento pensar lo menos posible en esos rectángulos de papel.
La frase de Vallejo: Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!; puede
ejemplificar semejante afección.
Volviendo al día lluvioso, sin diplomacia tomé el bolso y lo
lleve para el trastero de la casa. Entonces extrayendo libro a libro, comencé a
lanzar onomatopeyas y oraciones unimembres ante cada título encontrado. Las húmedas
portadas iban desde Faulkner, García Márquez, Cervantes, obras del siglo de oro
español a otras más contemporáneas.
Muchas gracias persona que dejó ese bolso para mí.
Después de rescatar a los náufragos de aquel aguacero, puse
los más mojados a secarse y acomodé los demás para irlos leyendo según intereses
acumulados. Ciertamente ahorré una cantidad considerable de dinero y la premura
de tener que leer un libro sacado de la biblioteca. Aunque esto último también
supone un buen método para desperezarme respecto a leer.
En una escrito anterior, comenté acerca del ciclo de libros
escritos por mujeres y el segundo de ellos fue Blanca vuela mañana; de
Dulce Chacón. Segunda novela de la llamada Trilogía de la Huida.
Si pueden existir libros con lista de reproducción
incorporados, uno de ellos es Blanca vuela mañana. La novela no indica
cual música escuchar, más bien activa el play de nuestra lista de reproducción
anímica.
En primer lugar, la extremeña Dulce Chacón era una poeta de extrema puntería. La frase en el dorso. La profundidad del mar empieza por los pies, es suficiente como para sacudirte.
Abrirlo constituye un irremediable y; como el nombre de su autoría;
dulce extravío en su historia. Prácticamente vives una sobrecarga de emociones.
Tu alma hace cortocircuito con los diferentes escenas de su historia
Blanca es una mujer que roza los 50 años y el desamor
comienza a serle tan real como la vida transcurrida. Entonces, Dulce Chacón
como si fuera una arquera amazonas, dispara saetas en la diana de lo singular y
hermoso.
Aquí surge la primera canción Cita con ángeles de Silvio rodríguez, especialmente la estrofa:
Pobres los ángeles urgentes
Que nunca llegan a salvarnos
¿Será que son incompetentes
O que no hay forma de ayudarnos?
Ha pasado solo un año de la caída del muro de
Berlín. El mundo se transforma, como la canción de Carlos Varela, los mapas cambian
de color. En la vida de Blanca, también ocurren cambios dolorosos y otros movidos
por la pasión, repercuten en sus decisiones futuras. Entonces, Dulce Chacón
mientras despliega cada uno de los personajes, deja a la vista frases capaces
de derribar cualquier muro, incluso aquel divisorio de la capital alemana:
El presente es tan corto que no da tiempo a mejorarlo (...) El olvido evita el dolor,
pero es involuntario, como la memoria, cuando revela olvidos que no se han
olvidado bien.
Mientras Blanca vive la fases progresivas del desamor hacia
su pareja, en el parque del Retiro en Madrid, conoce a José. Este encuentro
deriva en escena erótica donde todo lo posible por decir y hacer queda descubierto
mediante la coincidencia de aguas.
Tienes en los ojos todos los ríos del mundo, dijo mientras la
descubría. Y ella le contestó riendo: Es que soy el mar.
Entonces aparece suave, la melodía de una canción elegiaca como
Alfonsina y el mar:
Sabe Dios qué angustia te acompañó
Qué dolores viejos calló tu voz
Para recostarte arrullada
En el canto de las caracolas marinas
La canción que canta en el fondo oscuro del mar
Durante el encuentro casual terminado en sábanas revueltas, entre
los diálogos de José y Blanca, Dulce Chacón engarza de manera espectacular el
título de esta novela con una figura cotidiana en el madrileño parque del Retiro:
la fuente del Ángel Caído, de Lucifer proscrito para la eternidad. Sin embargo,
Dulce Chacón a través de Blanca, invierte el significado de la estatua. No va
cayendo, en realidad, está despegando.
Tal vez la lucha del bien contra el mal no es la que nos han
contado, ni la que hemos asumido como tal. Replantear el símbolo de la caída
como una ascensión, es personalmente, uno de los mejores aciertos literarios
que he visto.
Un detalle que otorga relevancia a la historia de Blanca vuela mañana es la multi nacionalidad de su historia. Madrid, Ámsterdam, la Alemania nazi fragmentándose y sufriendo bombardeos aliados y la Alemania recién unificada, donde el pasado bélico se une con el presente de Blanca, para transcurrir por Hamburgo, Berlín y Dresde.
Además, como lector masculino, noté ciertos detalles que solo
la capacidad e intuición de una mujer podría retratar. Blanca después de su
primer encuentro con José, se va sin dejar forma de contactarla. Transcurrido
un tiempo, lo encuentra en un cine. Él no la ve, pero ella en una búsqueda de
seguridad, saca un espejo de maquillaje y se pinta los labios. La magistralidad
absoluta y femenina en un solo gesto.
Seamos claros, los hombres aunque podamos mutar en palabras
ciertos aspectos de la sicología femenina, cuando escribimos sobre una mujer,
algo así se nos escaparía.
Mientras avanza la historia, es inevitable sentir la
indefensión de Blanca frente a su realidad. Sin embargo, recordemos que como la
efigie del Ángel Caído en el parque del Retiro, lejos de estar precipitándose
por fuerza divina, comienza a elevarse y Blanca hace lo mismo, vuela mañana, en
la mañana de su recomienzo.
Ante un iniciático proceso de leer obras escritas por mujeres,
Blanca vuela mañana fue una derivación musical sorprendente, que
ratifica el poder de la literatura más allá de la complicidad instaurada entre el
lector y sus personajes.
En el vuelo
de Blanca, un trazo musical quedó como huella en la pista de su desepegue, permaneciendo en las letras de su pasaje de ida, las siguientes canciones como epílogo de la
lectura.
Crowded House:
Don't Dream It's Over
Bruno mars: It
will rain
Maná: Eres mi religión
Pancho Céspedes: Remolino


Qué belleza de reseña. Me ha emocionado. Muchísimas gracias. Los lectores suelen quedar atrapados en La voz dormida y se pierden sus otras novelas, magníficas también.
ResponderBorrarGracias 🙏
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