Mi padre no suele hacer muchas referencias musicales, aunque, paradójicamente, sabe tocar la guitarra e hilvanar un repertorio musico-humorístico que puede dejar con dolor en las mejillas a sus oyentes. Cierta vez, en una de esas pocas menciones sobre música, me comentó acerca de la canción de Noel Nicola, “Cuando se pasa de los 60”, y la fatídica realidad del cantautor por haberse quedado en los 59, como si la frontera de los 60 años estuviera disponible para el trovador, tierra abajo, residiendo en esa “borrosa patria de los muertos”, como escribiera el nobel mexicano Octavio Paz.
Hace unos días, incorporé a mi vocabulario dos palabras del acervo gallego: orballo, que describe la caída de lluvia fina, y biosbardos, unas criaturas imaginarias que también forman parte de un libro de cuentos del universal ourensano Eduardo Blanco Amor. Entonces, en medio de esa absorción de aprendizajes, reaparecen personas y canciones.
Durante mi etapa universitaria, yendo siempre a contracorriente, escuchaba con amigos a Santiago Feliú en medio de la veneración y el lamento, por saberlo también con pasaporte visado hacia el mismo continente donde estaba Nicola. Gracias a uno de esos amigos, en medio de un imparable tráfico de melodías, la composición de Noel “Llueve en agosto de 1981”, pero en voz de Santiago, se mantuvo en bucle durante un tiempo considerable en mi barroca lista de reproducción.
Llueve, tú no has llegado y un gorrión pierde sus alas, es, para mi gusto, la frase más demoledora del tema, que me hace engendrar pensamientos de pasado e inevitables nostalgias. Solo que no pretendo hacer un rescate de la memoria como una evocación triste, a pesar de que el mundo buitre viene y se posa en mi espalda en circunstancias muy puntuales. En momentos de soledad abarcadora, incluso fértil, disfruto armar esos rompecabezas de recuerdos, donde se intercalan pasiones deportivas, ocurrencias de mi padre, vergüenzas absolutas por lances con afanes conquistadores y estrellados contra el muro de la frustración, dificultades cotidianas asumidas como naturales o descubrirme todavía incrédulo por estar habitando años después, afortunadamente, otra nacionalidad. Los colores de mi cubo de Rubik mental son a veces deslucidos y otros bastante acentuados.
Hoy amaneció con el orballo planteándole una tregua al frío, y buscando espacios sobre qué pensar y escribir, gracias al interludio del fin de semana, permanezco con una canción atravesada en la garganta y un estallido de neutrones en el alma.

Me encanta como escribes, me encanta, y me llevas a esa canción y a tantas cosas que acomodan y sobreviven
ResponderBorrarMil gracias
Muy bueno ☺️
ResponderBorrarGraffias
BorrarBestial, brother!!!
ResponderBorrarGraffias
BorrarGraffias
ResponderBorrarTe ha hecho muy bien la ciudad de Ourense. Te has vuelto intenso y muy sensible. Felicitaciones
ResponderBorrarMua
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