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La burbuja del no

 

Me considero un hombre feminista. Hace varios años comprendí cuán erradas eran algunas formas de mi comportamiento respecto a las mujeres. Analizando en perspectiva, fui responsable de varios episodios de acoso callejero que, aunque no llegaron a ser vulgares en palabras, sí debieron ser incómodos para quienes fueron su objetivo. Igualmente, por redes sociales, proferí algún que otro comentario incómodo. Ser consciente de varios errores del pasado me hace más responsable en mi forma de actuar y en conocer de qué forma defender una idea o postura si del ámbito de las mujeres se trata.

Además, creo firmemente que la capacidad o el talento están desligados del género; Emily Warren Roebling, Luisa Capetillo, Marie Curie, Nina Simone o las matemáticas de la NASA que hicieron posible el alunizaje del Apolo 11 son muestras más que fehacientes. ¿Qué tuvieron estas mujeres sobradamente en contra? El contexto, la sociedad, la misoginia, el racismo.


Actualmente, cuando lo anterior es un delito tipificado y si bien quedan muchas deudas educativas, resulta cuando menos incómodo que personas que nos adscribimos a las reivindicaciones tengamos como obstáculos a mujeres.

¿Acaso es más apetecible y cómoda la burbuja del «no» que el campo descubierto del «sí, dilo, hazlo, manifiéstate, empodérate, sirve de ejemplo, vuélvete sin pretenderlo una referencia»? Hoy he recibido varias negativas de mujeres (me gustaría creer que valientes por los oficios que ejercen) ante un encargo profesional que continuaré realizando, porque hay quienes sí entienden que no se trata de voluntad personal, sino de ejemplo, de demostración y ganas de sentirse útil. Sin embargo, inevitablemente me he quedado con un sabor salado, «como de labios cortados al afeitarme», igual al verso de la canción de Diego Gutiérrez.

Por suerte, las burbujas estallan y de ellas solo queda su recuerdo de circunferencia transparente. Una experiencia decepcionante no determina la realidad que abunda en el mundo fuera de la lectura de esta confesión a mediados de semana. A pleno sol o en atardeceres, cuando desde hace tiempo «me han estremecido un montón de mujeres», estoy seguro de que ellas continuarán haciéndolo; no por mí, sino para sí mismas.


Poema escrito el 25 de noviembre de 2023:

Entonces pienso en esas mujeres que no conocieron el orgasmo

y murieron sin imaginar el significado de un cuerpo desnudo en libertad.

En aquellas otras obligadas a parir como yeguas pura sangre para darle un sucesor al amo, y como marca de lección y propiedad una herradura de nudillos en su pómulo.

Alumnas enseñadas a hablar únicamente cuando sea permitido y la sumisión de un gesto las mantenga tensas, sin voz, sin voluntad, ausentes de sonrisa.

Por suerte están aquellas otras, A quienes la belleza, la vida, la vida, los orgasmos, la inteligencia, premió y los golpes invisibles de un hombría acomplejada, no detuvieron, aunque la falsa histeria, la ajena, la inventada, quisiera o intentara borrarlas de la historia.


Pensar es un acto sin diplomacia y escribir supone romper pactos con la mesura. Leer, es una biografía de la pausa. Bienvenidos

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